jueves, 27 de septiembre de 2007

XIV


Te vi un punto, y, flotando ante mis ojos,

la imagen de tus ojos se quedó,

como la mancha obscura, orlada en el fuego,

que flota y ciega si se mira al sol.

Adonde quiera que la vista fijo,

torno a ver tus pupilas llamear;

mas no te encuentro a ti, que es tu mirada:

unos ojos, los tuyos, nada más.

De mi alcoba en el ángulo los miro

desasidos, fantásticos lucir;

cuando duermo los siento que se ciernen

de par en par abiertos sobre mí.

Yo sé que hay fuegos faustos que en la noche

llevan al caminante a perecer;

yo me siento arrastrado por tus ojos;

pero a donde me arrastran , no lo sé.

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